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Los Tres: Entre la Espada y la Pared

Blink

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“Desde la reunión de Los Tres en el 2006 que de a poco se ha ido desvaneciendo el interés por parte del medio en el trabajo de la banda, aquejada de un envejecimiento acelerado que los tiene repasando su archirrequetecontra conocido repertorio por cuánto festival comunal se levante cada verano”

Sexo, drogas y rock & roll. Así reza uno de los primeros marcos conceptuales que se le a viene a la mente a las personas cuando ciertos artistas incurren en actos como el acontecido con Los Tres en Talagante. La historia es conocida: El artista que se demora en subir al escenario y que, cuando por fin lo hace, se le ve en un cuestionable estado de salud, actuando de forma desprolija y provocando el descontento de la audiencia. Nada nuevo. Lo que sigue, también resulta familiar: Coletazos de un lado para otro, acusaciones de incumplimiento de contrato y testimonios de testigos aparecidos como hormigas debajo de una piedra. Tras de sí, el hecho esconde otra problemática aún mayor: A los medios ya no les interesa hablar de Los Tres y este tipo de polémicas son la única forma de que su nombre vuelva a tener cobertura por parte de la prensa.

 

De mito y realidad

 

Gracias a las redes sociales, no pasaron muchas horas para que la primera hipótesis en torno al evento se pudiese comprobar: El show fue decepcionante. Más lo sabemos aquellos que conocemos en profundidad la carrera de Los Tres y que no dudamos de su calidad artística e interpretativa. Henríquez apenas podía rasguear la guitarra e hilvanar un par de frases con cierta coherencia. Lamentable.

 

 

Sin embargo,existe una segunda hipótesis que nos remite a la frase con que iniciamos esta columna: Las causas de aquella deplorable performance. La cultura popular tiende a relacionar a los grandes ídolos artísticos con historias de excesos detrás. La música no es la excepción. La creencia mitológica de que todos los artistas enmarcados bajo la etiqueta de rock (algo que sucede con Los Tres) quieren ser como Mick Jagger y Keith Richards liderando a los Rolling Stones, en medio de una gira por Estados Unidos, a mediados de los 70s, es más común de lo que parece.

No hubo que recurrir a ninguna fuente confiable para que comenzaran a circular noticias de que las causas del mal rendimiento durante el show se debían a que Álvaro Henríquez se encontraba bajo los efectos del alcohol – o, peor aún, de estupefacientes-. Antecedentes hay de sobra: La bullada adicción a las drogas por parte de los integrantes de la agrupación durante fines de los años 90s, la que llegó a quedar plasmada en el libro La última canción (2002) de Enrique Symns y Vera Land.

 

 Pero eso no basta. Conforme pasaron las horas, aparecieron versiones que se contradecían con aquella hipótesis: Según informó La Tercera, Álvaro Henríquez habría ingerido altas dosis de medicamentos en las horas previas al show, debido a complicaciones renales causadas por malos hábitos a la hora de comer y beber. El mismo medio consigna que el líder de la banda penquista estuvo hospitalizado durante diciembre pasado.

Ahora es cuando lo primero que se me viene a la mente es lo que ocurrió en aquel fatídico 7 de Febrero de 2015, en la comuna de Nacimiento. Ese día, Jorge González entregó un espectáculo de baja calidad, al cuál también se le atribuyeron el abuso del alcohol y sustancias como primera causa, sin embargo, lo que realmente ocurrió es que el histórico líder de Los Prisioneros estaba sufriendo un Accidente Cerebro Vascular (ACV). Lo que vino después ya es historia conocida.

 

 

Entre La Espada y la Pared

Desde la reunión de Los Tres en el año 2006 que se ha ido desvaneciendo de a poco el interés del medio en el trabajo de la banda, aquejada de un envejecimiento acelerado que los tiene repasando su archirrequetecontra conocido repertorio por cuánto festival comunal se levante cada verano.

Hay hechos que no podemos desmentir: La alta expectación por el primer álbum de la agrupación luego de su reunificación, Hágalo Usted Mismo (2006) se ha perdido con el paso del tiempo, tanto así que para Coliumo (2010) el ánimo ya era infinitamente menor. Para qué decir el postergado EP Por Acanga (2015), el cuál tendría una continuación al año siguiente, la que nunca llegó y por la que nadie se pregunta. La lista continúa: La prometedora gira que repasaría la obra cumbre de la banda, Fome (1997) – y por la que muchos aún esperamos- aún no se concreta, quién sabe si por falta de interés, de motivación, o de ambas.

Así, nos encontramos ante una eventualidad triste, pero cierta: El hecho de que ocurran este tipo de polémicas se convierte en la única forma de que los medios se interesen por mostrar en qué están Los Tres actualmente. Presos entre La Espada y La Pared de seguir en su zona de confort, una de las bandas insigne del período de transición a la democracia – y una de las más peculiares dentro de la industria musical latinoamericana- ha debido sobrevivir dándole en el gusto a las masas que acuden a Festivales a ver el número bailable de cierre y que pretenden agilizar la espera tarareando He Barrido el Sol o Quién es la que viene allí.

Lo de Talagante fue un tropiezo y si Álvaro Henríquez estaba alcoholizado, drogado o enfermo es solo una cortina de humo que esconde una problemática mayor: Para las masas y el medio en particular, Los Tres se han convertido precozmente en un ejercicio nostálgico, tal como pasa con los artistas de la Nueva Ola, solo que con casi 20 años de anticipación. Todo mientras aún existimos algunos fans expectantes a que Henríquez se saque alguna nueva genialidad bajo el brazo, porque de que el talento está, está.

 

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#LoImportante

Por la razón o la funa (La rebelión del rebaño)

Marcelo Muñoz

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Las iglesias católica y evangélica viven su peor momento. Declaraciones destempladas, abusos sexuales a menores y presuntos casos de lavado de dinero hicieron de este el peor momento para fieles y pastores. Una situación que el lunes terminó de la peor forma. A verbis ad verbera: los golpes pudieron más que la confrontación semántica.

El periodista de Radio Bío-Bío, Óscar Cáceres fue agredido por un supuesto guardia del pastor Eduardo Durán (padre del diputado homónimo) por una pregunta relacionada con supuestos lavados de dinero. La inquisidora consulta terminó con avivar las llamas del conflicto entre las iglesias y el Estado (excluyo la palabra gobierno porque no viene al caso) y una declaración absurda de parte del pastor Durán. “Es una venganza política”, remató. Si está leyendo esta columna hágalo despacio, no vaya a atragantarse con un pedazo de carne por la cólera. 

Y el argumento esgrimido por el religioso terminó quebrando la confianza entre la iglesia evangélica y sus fieles. La otra escena se escribía afuera: los mismos fieles protestaron contra el Presidente Sebastián Piñera por la aprobación de la Ley de Identidad de Género. “Traidor” fue la palabra usada para exprimir toda la rabia contra el mandatario. Un cóctel explosivo. Nitroglicerina lista. El limón fue más ácido y la bomba de la ira explotó. 

La aprobación de la iglesia evangélica, según la encuesta CADEM de junio pasado, la deja bajo el umbral del 50% (43%) y el rechazo a su homóloga católica es peor: 68% desaprueba su imagen. La herida no cicatriza y deja más grietas.

Pero la crisis de las iglesias no termina aquí. Hoy en el Te Deum Ecuménico (que no fue transmitido por la televisión abierta) la excandidata presidencial Roxana Miranda se paró en plena homilía para gritar contra los abusos de la Iglesia Católica. Los invitados miraron a la también dirigenta de ANDHA Chile con algo de rareza y justo en el peor momento. Los mensajes de inclusión a los migrantes fueron opacados y no merecieron más atención.

Mañana se vivirá otra ceremonia republicana: La parada militar. El mundo de las fuerzas armadas también está fuertemente cuestionado. ¿Habrá otra intervención?; ¿Quién protagonizará la escena que luego sera viralizada? Nadie lo sabe. Nuestro lema cambió: Por la razón o la funa… y el rebaño, se rebeló. 

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