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Exclusiva: La historia del hombre que levantó Colo Colo sin hablar de fútbol

Fabián Villalobos

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Llegaron a ser campeones en 14 de las 16 ramas y los más destacados deportistas del país quisieron ponerse la camiseta alba. Eso sí, no eran futbolistas. Eran todo menos eso. Entre los años 92 y 96, Colo Colo dominó gran parte de las disciplinas deportivas de la mano de un sólido proyecto ideado por su gerente de ramas Antonio Corral. ¿Qué pasó? Esta es la historia.

 

Hace ocho años, Antonio Corral Esquerra decidió radicarse en el pueblo de Ventanas en la comuna de Puchuncaví, Región de Valparaíso. Hoy, a sus 82 años, se desempeña como dirigente vecinal, pero en algún punto de su vida dirigió algo más que un barrio. De hecho, estuvo al mando de un enorme equipo de deportistas albos. Y no, no eran futbolistas.

 

Antonio Corral en las calles del pueblo de Ventanas

 

Sus primeros acercamientos fueron con el vóleibol, donde llegó a ser seleccionado nacional y técnico de la Selección Chilena. También organizó la vuelta ciclista de Chile los años 1976, 1977, 1978 y 1980, siendo elegida la mejor vuelta a nivel mundial de categoría amateur.

Todo esto lo hizo ganar la experiencia necesaria para levantar importantes proyectos, como desarrollar ramas que hasta ese momento era inimaginable ver en Colo Colo, como el rugby o el polo, además de idear proyectos en que se incluyera artística y socialmente a la Garra Blanca.

Sí, la misma hinchada que hoy salta en el tablón del Estadio Monumental, alguna vez se soñó que cantara al Cacique al ritmo de una gran orquesta y un ballet albo encabezado por del director del Bafona.

Una historia lo suficientemente interesante como para viajar a Ventanas. Son casi las ocho de la noche. El sol cae sobre el Océano Pacífico. Antonio se acomoda para dar la primera entrevista después de varios años y antes de hablarle a la grabadora dice “Para que sepas, los viejos vivimos de recuerdos”.

 

¿Cómo llegó a trabajar como gerente de ramas deportivas?

El año 83′ llegué a Católica. Me pidieron que fuera con ellos a organizar la rama de vóleibol como gerente, ya que había crecido mucho y estaba mal estructurado. Fui a una entrevista donde habían nombres potentes como Alfonso Sweett y Juan Eduardo Errazuriz.

“Pero señores, yo vengo a hablar de vóleibol”, les dije al verlos a todos ahí. “No, nosotros queremos hablar de nuestras 24 ramas” fue la respuesta de los dirigentes. Había muchos deportes que no había visto ni en pelea de perros, por ejemplo de equitación… si yo con suerte sabía andar a caballo…

 

¿Qué hizo entonces?

Bueno, me dieron 15 días para aprender y me declararon gerente de las 24 ramas que tenía la UC en ese momento. En cuanto al fútbol yo pedí expresamente no tener nada que ver, y ellos aceptaron muy contentos porque eso era cosa de ellos.

 

Me imagino que fue difícil adaptarse ¿O no?

La realidad de la Universidad Católica es muy particular. Tu trabajas con 24 ramas, donde hay muchas familias “distinguidas”, pero con escaso compromiso con el deporte. Que tengo que ir a la nieve, que mis papás van a Río y tengo que acompañarlos, y así una serie de excusas que finalmente terminas aceptando a pesar de no estar de acuerdo.

El deporte pasaba a ser algo complementario para su vida social y familiar, ir a la nieve era mucho más atractivo que levantarse a las 9 de la mañana un día domingo a jugar un partido de vóleibol. Lamentablemente el deporte no era lo más importante para ellos, algo muy distinto a lo que vería en Colo Colo más adelante.

 

De la clase alta al equipo del Pueblo

 

Entonces se fue de Católica y llegó a Colo Colo ¿Cómo fue ese cambio?

A ver… Llegué a Colo Colo por Eduardo Menichetti, presidente del club. Yo lo conocía de adolescente, cuando tenía 18 años. Llegaba a mi casa para ver a mi hija. Estaba loco por ella, pero ella le decía que lo quería como amigo no más.

Pasado el tiempo me llama y me dice “Toño, te necesito en Colo Colo, porque quiero que hagamos lo mismo que hiciste en Católica”. Esto fue el año 91, en septiembre, justo después que Colo Colo ganara la Copa Libertadores….

 

Un momento de gloria para el club….

Claro, aunque en ese momento Colo Colo tenía solo cuatro ramas fuera del fútbol, que eran el de atletismo de fondo, básquet femenino, tenis de mesa y esgrima. Entonces la gente de Colo Colo me pidió que les entregara un proyecto a cuatro años que desarrollara todas las ramas deportivas.

 

Colo Colo campeón de la Copa Libertadores de 1991. Fuente: La Cuarta

 

La reacción de Católica

 

—¿Para dónde vas?

—Me voy a Colo Colo

—Ya sabíamos

 

Así fue la última conversación que Antonio tuvo con los dirigentes de la Católica. Era 28 de diciembre de 1991. Pero su partida no sería fácil. Desde la dirigencia cruzada le ofrecieron incentivos para no llevar a cabo su proyecto albo. Ese día lo llamó el gerente general de Universidad Católica.

 

— Toño, ¿Cuánto tenemos que pagarte para que no entregues el proyecto que estás haciendo a Colo Colo?

— Nada, ya lo tengo listo

— Es que nosotros no queremos que lo entregues

— Lo siento, ya me comprometí con Eduardo

 

¿Cuál puede haber sido el presunto interés de católica en evitar que se llevara a cabo el proyecto?

Más que competencia, tal vez sospechaban lo que iba a pasar, porque mi proyecto, más que desarrollar algunas las ramas, era desarrollar a Colo Colo socialmente, hacer otro Colo Colo, no el que conocemos todos hoy en día con los problemas de Blanco y Negro.

 

El comienzo de una nueva era

 

¿Cómo se forma un equipo desde cero?

Esto comenzó el año 1992, mi oficina estaba en Cienfuegos 41, una casa maravillosa que, lamentablemente, se perdió en los tiempos de la quiebra. En aquellos primeros días de marzo llegó Claudia Larenas, campeona Sudamericana del lanzamiento de disco y me pregunta qué tenía que hacer para venirse a Colo Colo. Yo le dije que no porque estaba becada, era campeona y además jugaba en Católica, pero estaba dispuesta a renunciar a todo.

Cuatro días después llegó Carlos Moreno, del Atlético Santiago, campeón nacional de 100 metros, me dijo “Don Antonio, quiero venir a correr por el Colo Colo, y me vengo con cuatro más, la posta completa”.

 

Teníamos a los mejores. Llegamos a tener 16 ramas, de las cuales 14 eran campeonas.

 

Después me llamó Pablo Squella, ex Ministro de Deportes y me dijo que también quería venir a Colo Colo y solo necesitaba 80 lucas para los pasajes. También apareció la velocista Lissette Rondón, Isabel Oliva, campeona sudamericana de salto largo…

Hicimos una gran posta, tanto femenina como masculina, con Keitel, Moreno, Morales y Rondón como nuestras figuras, quienes nos llevaron a ser ese campeones ese año 92, ganándole a la católica, que hasta ese entonces no tenía competencia. Y así, de solo tener fondismo pasamos a ganar dominar aquel año las pistas.

 

De izquierda a derecha: Carolina Guerrero (Básquetbol), Miguel Droguett y Marcela Sotelo (Tenis de Mesa) y Joaquín Ramolfo (Bicicross)

¿Y se formaron más ramas?

Claro, como el rubgy. Un día llegó Elías Santillán y me dice que tenían problemas con el presidente de la rama en la UC y que que tenían un segundo equipo, ya que tenían muchos jugadores para jugar en primera. “Está Balbontín con el equipo A, yo estoy con el B, ¿Por qué no me vengo con el equipo B a Colo Colo?”. Ya a esas alturas para mí todo era bueno.

Hablé con Eduardo Menichetti y entregó 10 millones para desarrollar la rama de rugby, dinero con el cual yo ya podía empezar a pagar.

 

Rama de rugby Colo Colo

Fueron hartas ramas…

Claro, tuvimos patín carrera con Marcela Cáceres, pentacampeona panamericana y la primera chilena que subió a un podio de un Campeonato Mundial; en Esgrima estaban los hermanos Inostroza; en Tenis de mesa Miguel Droguett, campeón senior, y Marcela Sotelo, campeona infantil en 1990. Qué decir del básquetbol, donde salimos campeones de la Dimayor en 1996. Teníamos a los mejores. Llegamos a tener 16 ramas, de las cuales 14 eran campeonas.

 

  

La rama de básquetbol, campeona de la Dimayor 1996

¿Y cómo llegó a desarrollarse la rama de polo?

El encargado de ramas Sergio Rider, una gran persona, con mucho dinero pero con pocas ideas de deporte, me dice un día que su hermano, Carlos Rider, era polista y que tenía un equipo que necesita el auspicio de una marca, ya que ellos no cobran pero necesitan ese auspicio.

Me dijo que su hermano se encargaría de todo, pero yo debía hacerme cargo de la representación, de ir a las reuniones. Yo no tenía idea como se jugaba el polo, pero me dijo “No importa, yo le digo a mi hermano que te enseñe”. Y así vinieron, jugaron y salieron campeones, eran un gran equipo. Esa fue la última rama el año 96, que fue mi último año en Colo Colo.

 

Rama de Polo de ColoColo

La Polla Gol Colo Colo y los proyectos artísticos con la Garra Blanca

Y en cuanto al financiamento ¿era muy difícil competir con el fútbol?

Bastante, por eso tuvimos que idear formas para financiar todo esto. Yo no estaba tranquilo con todo esto que estábamos logrando, por lo que un día conversando con mi amigo José De Gregorio, presidente de la Polla, él me pregunta cómo lo estaba haciendo para financiar las ramas. Le dije que costaba mucho sacarle la plata al fútbol, la plata de la publicidad estática era para mis ramas, pero las pescaba el fútbol para financiar sus contrataciones, por lo que vivíamos con el presupuesto que nos daba el club al año.

 

¿Y qué ideas tuvieron para financiar las ramas?

La primera fue la idea que el fútbol pudiera prestar su Garra Blanca y generar un proyecto para concientizar a la barra a través de un programa social y de integración, que partiría por la captación de socios, ya que en ese momento teníamos solo cinco mil, lo cual para mí no era posible si habíamos hecho encuestas en todo el país y el 68% de los chilenos eran del Colo. Había un tremendo problema de evasión de plata que no habían querido capturar.

 

Pero esto iba más allá de captar socios…

Así es. José De Gregorio tuvo la idea de hacer tres sorteos al año de la Polla Gol con el nombre de Colo Colo. Así el dinero de aquello iría directamente a las ramas, a la Garra Blanca y a los planes sociales que teníamos. Le pedí a Tomás Cox, con quien había trabajado en la primera Noche Alba, que se hiciera cargo de la organización de los tres sorteos al año y planificamos usar la misma maquinaria de venta que tenía en ese momento la Polla Gol.

También hablé con Alfonso Swett, mi presidente en Católica y dueño de la viña Santa Rita para que un vino tuviera el nombre de Colo Colo. “Ni por nada”, respondió. Al tiempo después una viña se interesó en crear una marca de vino Colo Colo, íbamos a llenar de vino todo Chile para las ramas deportivas.

El culpable del fracaso de las ramas y los proyectos sociales se llama Peter Dragicevic, quien decía “No, nosotros somos un equipo de fútbol”, ahí se empezaron a desarmar la ramas y ya no podíamos pagarle a los deportistas.

¿Y cuáles fueron los proyectos sociales y de integración?

Fueron principalmente artísticos. Un alguien me dice que tenía un compadre que le acababan de traer una banda de guerra con todo el instrumental y no sabe que hacer con lo que tiene, además era colocolino y se vendría con todo para poner a disposición de la Garra Blanca para los que quisieran aprender a tocar.

Y no fue lo único, el director del Bafona, me dice que le gustaría poder tener un ballet albo y estaba dispuesto a dirigirlo. Queríamos transformar a la Garra blanca en un espectáculo artístico, premiando a los mejores exponentes de la barra.

También quisimos hacer un concurso nacional de pintura de tarjetas de navidad, donde los hinchas en vez de rayar murallas, iban a diseñar tarjetas alusivas a Colo Colo, las cuales se iban a vender a los propios hinchas. Inventamos muchas cosas, pero no resultó ninguna.

 Lamentablemente me quedaron debiendo como 10 millones de pesos, así que nunca más volví.

¿Por qué no resultaron?

Se fue Menichetti y llegó Dragicevic, con el cual en los tres años que estuve bajo su presidencia, hablamos dos veces. Ahí murió todo. El culpable de todo esto se llama Peter Dragicevic, que dijo “No, nosotros somos un equipo de futbol”, ahí se empezaron a desarmar la ramas y ya no podíamos pagar.

Ahí ya comienza su salida de Colo Colo, ¿no?

Así es, ya era un tiempo de una relación desgastada. Finalmente un día me llaman para organizar los Juegos del Pacífico. Eso fue un viernes y tenía que estar el lunes. Hablé con Sergio Rider y le dije que me iba esa misma tarde. “Que buen chiste”, me dice. Pero no podía seguir trabajando con Dragicevic, no estaba interesado, no me recibía, ¡no le interesaban los tremendos planes financiados que teníamos!, hacer esta cosa sensible y social con el pueblo colocolino y abrir una campaña en todo Chile para captar 60 mil socios, lo que sería solo un porcentaje para las ramas.

Lamentablemente Dragicevic sepultó todo, incluso la banda quedó hasta con el director listo.

Eduardo Menichetti (izquierda), principal gestor de las ramas y Peter Dragicevic (derecha), principal culpable del fracaso de estas, según las palabras de don Antonio.

¿Qué recuerdos guarda de su paso por el cacique?

Lamentablemente me quedaron debiendo como 10 millones de pesos, así que nunca más volví. Metí mucha plata en los deportistas. Incluso un día llegaron a embargarme la casa, ya que yo había firmado como aval el arriendo de una casa para un entrenador colombiano de patinaje artístico, el cual estuvo dos años, en los cuales Colo Colo pagó el arriendo de la casa sistemáticamente pero no se hizo cargo de las llamadas telefónicas… ¡tres horas de llamadas todos los días a Cali! Tuve que pagar esa deuda de tres millones de pesos en llamadas. También tuve que pagar el arriendo de un departamento para dos basquetbolistas. La peor experiencia en mi vida deportiva fue Colo Colo.

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